Pablo Neruda.
Primeros años
hasta terminar el 6º año de
humanidades en 1920.4
El impresionante entorno natural de Temuco, sus bosques, lagos, ríos y montañas
marcarán para siempre el mundo poético de Neruda.En 1917, publica su primer
artículo en el diario La Mañana de Temuco, con el título de Entusiasmo
y perseverancia. En esta ciudad escribió gran parte de los trabajos, que
pasarían a integrar su primer libro de poemas: Crepusculario.5En
1919, obtiene el tercer
lugar en los Juegos Florales del Maule con su poema Comunión ideal o Nocturno
ideal.4
En 1920
comienza a contribuir con la revista literaria Selva Austral.En ese
mismo período, conoce a Gabriela Mistral, de cuyo encuentro recordará: «...ella
me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura
rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí».6
Hacia 1921 y con diecisiete años de edad, comienza a firmar definitivamente sus
trabajos con el seudónimo de Pablo Neruda, esencialmente con el
propósito de evitar el malestar del padre por tener un hijo poeta. Si bien
Neruda nunca aclaró el origen de su nombre artístico, nunca desmintió, e incluso
apoyó, la conjetura de que lo habría escogido en honor al escritor checo
Jan Neruda,
del cual leyó un cuento por esos años que le causó una honda impresión. Sin
embargo, la obra de Jan se publicó entre 1857 y 1883, y es poco probable que
Neruda haya tenido acceso a traducciones en 1921. En lugar de esto, su apodo se
presume que esté inspirado más bien en un personaje de la novela de Arthur Conan Doyle de 1887 titulada Estudio
Escarlata, donde en el capítulo IV, el personaje Sherlock
Holmes dice ir a escuchar un concierto de Norman-Neruda, una famosa
violinista, Guillermina María Francisca Neruda, casada con el músico sueco
Ludwig Norman.
POEMAS:
CABALLO DE LOS SUEÑOS TE AMO
Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.
Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.
Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.
Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.
Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.
Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.
Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.
Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.
Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.
Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.
Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.